
Foto de Jordan Siemens, Aurora Photos
EUA En los últimos 17 años se ha desarrollado una situación pegajosa en el Post Alley de Seattle, donde incontables bolitas de colores –apachurradas con monedas o usadas para formar las letras de nombres y lugares– forman la “muralla de chicles”.
Cerca del pueblo de Enviken, donde la nostalgia por la cultura estadounidense de mediados de siglo es profunda, Fanny Bergman (izq.), de 17 años, y su madre, Ulrika Dotzksy, de 48, van a un concierto de rockabilly en su Mercury Montclair de 1959.
Como una escultura de cristal forjada en la eterna intranquilidad del Pacífico, este salpicón de agua de un metro de altura, derivado de la resaca –por la colisión de dos olas en los bajos cerca de Kaena Point, en Oahu, Hawái–, refracta el resplandor saturado del amanecer.
En la redacción de esta revista nos preguntábamos por qué los extraterrestres tendrían el pésimo tino de construir aeropuertos en formas de monos y arañas.
De cabeza, amantes de las emociones van trepados en el Top Spin de la 176 Oktoberfest, en Munich. A pesar de amenazas terroristas, el festival de la cerveza de 16 días –la feria más grande del mundo– atrajo a 5.7 millones de personas el año pasado.
A 64 kilómetros al sureste de Lima, contra un retablo de olas, rocas y cielo, cuatro delfines de nariz de botella saltan en sincronía por la superficie. Alimentadas por la Corriente de Perú, rica en nutrientes, estas aguas rebosan de vida marina.
Era una ejecución “tan real que resultaba difícil creer que fueran hombres usando máscaras de lobos”, apuntó un observador en 1914. Los participantes de la etnia inupiat en la danza del águila-lobo honraban a los animales que mataban, enviando así sus espíritus a sus moradas para garantizar el éxito en cacerías futuras.
Los nascas de Perú dejaron una huella extensa: reconocemos su cultura por sus
imponentes grabados sobre terrenos arenosos en las alturas de los Andes –el colibrí, el mono y otros geoglifos–, visibles enteramente sólo desde el aire.
La ciudad global de China intenta recuperar las glorias de su pasado; esta vez, en sus propios términos.
El valle del Omo, en Etiopía, sigue siendo un lugar gobernado por los rituales y la venganza. Sin embargo, se aproximan cambios que vienen de río arriba.